lunes, 16 de abril de 2018

Hay que ser un buen oyente no sólo un buen conversador



En la búsqueda de ser un buen entrenador con deseo de capacitar a otros para estar en control de sus vidas (Coach), el objetivo debe ser que la gente reconozca la importancia de ser un buen oyente.

Como entrenador y como participante en el extremo receptor, esta práctica vital de ser un buen oyente permite a ambas partes alcanzar excelentes resultados ante la dinámica de las interacciones humanas. Realmente escuchar es la clave para comprender y aprovechar los recursos que posee el propio individuo o que un determinado grupo tiene para ofrecer.

Cuando nos detenernos a escuchar y tomar en cuenta cada punto que se expone durante una argumentación, los niveles de respeto de ambas partes (trasmisor-receptor) se intensifican y se hacen evidentes.

Es verdad que las cualidades de liderazgo pueden construirse a partir de los rasgos de carácter y comportamiento; sin embargo, para lograrlo esto es necesario que exista claridad en la comunicación y la capacidad de desarrollar "paciencia", para detenerse y escuchar antes de tomar cualquier decisión, esto puede aprenderse a través de la práctica, o de un buen entrenamiento y sesiones de empoderamiento.

Escuchar para comprender y obtener la "foto" completa de una idea es muy importante y posibilita la realización de las prácticas pertinentes que conduzcan a la acción con resultados efectivos. No tener la información correcta y no escuchar toda la información posible, puede hacer que se tomen las decisiones equivocadas, decisiones que a su vez tendrán efectos perjudiciales.

Aplicar el arte de escuchar, significa también, dar a cada individuo la confianza para verbalizar, sin etiquetar nada como negativo o positivo, asegurando el éxito tanto en lo personal como de proyecto, pues esto permite un entorno propicio, donde todo el mundo será capaz de dar su propia visión y contribuir al éxito del proyecto sin el temor de ser marginado o ridiculizado.

Escuchar nuestra propia voz puede llegar a ser muy placentero, pero cuando se habla demasiado y no se escucha a los demás esto puede ser molesto, cansado y poco adaptativo. Créame, en menos de lo que piensa se quedará sin público, mejor decídase ahora y, ¡Conviértase ya en un buen oyente y no sólo en un buen conversador!

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